Diciembre 8th, 2007

En este momento, voy llegando de una competencia deportiva, mi hermana de 11 años practica gimnasia y en la ciudad hubo un torneo regional. No es el primer torneo de este tipo al que voy, han sido varios y en todos, no he hecho otra cosa que no sea observar la organización y forma de los mismos. Estando inmerso en los cimientos del deporte nacional, es sumamente entendible, porqué los resultados que obtenemos en juegos olímpicos son tan malos.

Cynthia Valdez

La conclusión que saco es que la gente no entiende de compromiso, de entrega, preocupación por hacer bien las cosas, voy a mostrar la lista principal de cosas que ha mi parecer están mal hechas y no son tan difíciles de cambiar:

Los jueces, entiendo que hagan las calificaciones a mano en una hoja de papel, entiendo que coman una manzana mientras evalúan, pero lo que no puedo aceptar es que mientras las niñas hacen sus actividades de manera individual, los jueces NO OBSERVEN con atención la forma en como ejecutan su rutina para realmente evaluar correctamente. Tienen muchas distracciones, creo que en la competencia no tendrían porqué distraerse en otros asuntos.

La premiación, son niñas y niños en efecto no se les puede presionar mucho, pero de eso a que todos los niños estén en el podio, es otro asunto. Hay que enseñar a los niños la diferencia entre ganar y perder, la diferencia entre un buen trabajo y un malo. No entiendo porqué una niña que hace todo de mala manera obtenga un tercer lugar junto a otras 6 que si pusieron gran empeño.

Los maestros, observando la mirada y actitudes de varios de los maestros, no parecían contentos con lo que hacían. Creo que enseñar a unas niñas y niños a hacer deporte, debe ser algo que te apasione y que siempre tengas como único objetivo preparar a jóvenes que aspiren a ganar una medalla de oro.

En este momento tal vez suene la crítica dura, pero siempre que hago una observación encuentro algo que justifica esa visión dura pero realista. Dentro de la competencia hubo una maestra que llamó mucho la atención, ella no se despego de sus alumnas, en todo momento las aplaudía, en los momentos de nerviosismo les estrecho la mano, al inicio de sus presentaciones observaba a sus pupilas con una mirada que parecía una exigencia por demostrar lo que aprendieron en los meses anteriores. Esas niñas a pesar de estar en una competencia con no mas de 100 espectadores, actuaban con un porte y una elegancia, tal y como si de unos Juegos Olímpicos se tratara. La maestra acomodaba colchones, pedía talco, observa a las niñas, motivaba a su escasa porra.

No cabe duda que esa maestra estaba fuera de lugar. Me dí a la tarea de investigar más de aquella maestra y descubrí que era Rumana, esto no hizo mas que reafirmar mi teoría que de que el problema no es de genética, no es de complexión, es de cultura, exigencia y costumbre.

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